Entiendo el concepto de cultura de empresa como el “alma” que se ha forjado de forma colaborativa entre las personas que la integran en el presente y que en algún momento lo hicieron en el pasado y dejaron su huella.

Desarrollar la parte espiritual de uno mismo nunca ha sido tarea fácil, es más, la mayoría de las personas ni se lo plantean o si lo han hecho, es realmente difícil dedicar tiempo y esfuerzo constante a trabajar este concepto proveniente del pensamiento occidental. De todas formas, este intangible que escapa a toda posibilidad de verificación y que es ajeno por completo al ámbito del conocimiento científico, se puede traducir en carisma, empatía, compromiso, estima, comprensión o motivación y por eso me parece esencial trabajarlo y tenerlo muy presente en una compañía.

Son aspectos que no nos proporcionan un sistema establecido de KPI’s o que no tienen un método de mejora o de implementación determinada. No los podemos evaluar con una unidad de medida concreta, sin embargo, si que los percibimos de inmediato, los identificamos fácilmente y nos muestran un efecto a largo plazo.

Por lo tanto, es crucial plantearse un plan de desarrollo colectivo, generando y dinamizando acciones que surjan de forma espontánea. Esto ayuda a entender mejor a cada individuo el sistema de valores y creencias de los demás y por lo tanto contribuye a una configuración alineada del sistema global.

No hablamos de grandes team buildings, sino de un momento tomando café en el que se pregunta con sinceridad sobre una situación delicada, o un intercambio de opiniones sin usar los galones de cada uno. En definitiva, mostrar humildad y humanidad en todas las circunstancias e interacciones existentes en la empresa.

Es mediante la confianza y el compromiso de las personas que forman parte de un proyecto compartido, como se construyen los pilares que después sustentan la evolución del modelo empresarial y su modus operandi.

En nuestro caso, estos cimientos son los que nos han permitido evolucionar. Hemos podido afrontar una pandemia manteniendo integro al equipo y hemos podido evitar un expediente de regulación temporal de empleo. Tampoco hubiese sido posible implementar una jornada intensiva de 3 días a la semana durante todo el año desde el 2019 en un sector dónde lo habitual es alargar hasta horas indeseadas.

La cultura hace a las empresas únicas y les atribuye personalidad. Las hace deseables y atraen talento. Pero el mejor beneficio es que construyen relaciones verdaderas a largo plazo en las que la experiencia va más allá de lo profesional. Me gusta llamarlo “familia”.

 

Dani Muñoz, CEO en Logic Design Barcelona