No podemos negar que el fenómeno de “Made in France” ha dejado huella en las noticias de los últimos años, sin embargo no es algo nuevo. Nace a raíz de la Segunda Guerra Mundial, para reactivar la economía francesa y revivirá de nuevo al final de los 70s, cuando Francia sufre los primeros signos de la desindustrialización, la iniciación al consumo de productos franceses demuestra que es una respuesta estructural al flujo y reflujo de la economía.  A pesar de que ha sido un fuerte paradigma en la ultima campaña presidencial “Buy French” no es otro capricho francés sino una realidad que se muestra en los patrones de consumo… porque ahora, incluso los actos más inocuos de compra se están volviendo una iniciativa ciudadana.

 

De hecho, favorecer a los productos franceses es una oportunidad de todos para participar, a su manera, en la protección de puestos de trabajo en Francia. Además, para algunos consumidores involucrados, garantiza limitar el impacto en el medio ambiente a través de canales de distribución mas cortos. Dar significado al consumo propio es reconciliarse con los actos y convicciones propios, además de gastar más dinero. Según CREDOC cerca de los dos tercios de los franceses pagarían más por un producto hecho en Francia.

 

“Made in France” se ha vuelto un argumento más que las marcas están capitalizando con un tono que a veces resulta muy militante. Esta afirmación no solo está reservada a las marcas francesas, pues algunas marcas globales están reclamando su presencia industrial en Francia, lo que demuestra que uno puede ser global sin dejar de satisfacer a la economía local.

 

En el centro de diferentes escándalos, el mercado agro-alimentario no se libra de este consumo patriótico, que lo enriquece en proporciones de cualidad y seguridad – “comer Francés” garantiza el control de los sectores de la industria alimenticia y el autentico sabor. Como agencia de diseño mostramos respaldo a estas marcas a través de la exposición de este valor añadido en el packaging.

 

El origen Francés: un concepto polimórfico.

 

Hacer “de lo Francés” una ventaja competitiva es todavía una necesidad que responde a la realidad. Ahora el abastecimiento se ha vuelto una seria implicación financiera para las marcas que no tienen otra solución que poner el origen Francés como un standard mínimo. Así, han florecido diferentes pictográmas en el packaging, donde conviven mensajes como “Producido en Francia” como un claro enfoque oportunista orientado a impulsar la compra, la mera presencia de la bandera Francesa en el packaging – más allá del mensaje que transmite- puede generar una idea preconcebida positiva y traducirse en una compra real.

 

Algunas marcas intentan ir un poco más lejos y destacar el origen francés como un componente de la fórmula. Cuando los ingredientes básicos causan tantas preocupaciones, asegurar el origen es clave para la percepción de la calidad global del producto. En el caso de los productos procesados que contienen carne, el esfuerzo ha sido doble desde el escándalo de la carne de caballo adulterada en 2013 -conocido como Horsegate-.

 

Con el mismo espíritu, otras marcas han reafirmado su identidad Francesa con orgullo o desarrollando un storytelling al rededor de la cultura gastronómica Francesa. El imaginario tradicional de Francia ha sido invocado, incluso en ocasiones filtrea con humor.

 

La tierra regional: una alternativa creíble

 

Versus esta creencia universal de la apropiación del “Made in France” los consumidores han aumentado sus sospechas y se han aumentado sus ansiedad por reducir la distancia entre las promesas del marketing y lo que ponen en su plato. El origen francés se comienza a considerar en una escala menor y los consumidores se sienten más atraídos por los productos regionales. Destacar los ingredientes que han sido cultivados en una región francesa ha vuelto un argumento de convicción más creíble que evocación del “Made in France” – que es como un genérico. Las marcas regionales -pequeños productores que alguna vez fueron calificados nichos destinados a un selecto grupo de exigentes consumidores- hoy ven sus horizontes expandiéndose a un mercado de consumo masivo.

 

El “savoir -faire” es guay

 

Ampliamente aclamado y codiciado, el origen francés también influye en la sostenibilidad y el valor de habilidades específicas que son orgullosamente aclamadas. Algunas marcas tienen un gran conocimiento de esta dinámica y adoptan un acercamiento más selectivo combinando la calidad superior con una codificación estilizada y especializada. Estilizado al extremo, estos códigos de “lo Francés”  se han convertido a si mismos en tendencia y signo de buen sabor.

 

Ya sea incorporando la trazabilidad de los ingredientes, luchando contra la deslocalización, garantizando minimizar el impacto ecológico del carbón o asegurando un expertise único, “Made in France” está presente en todas las categorías de consumo respondiendo a diferentes preocupaciones. Sin embargo, como una promesa omnipresente y trillada, el concepto de origen Francés, no ha acabado con su misión de persuadir y seducir. Continua reconfigurandose a si misma, adoptando formas más locales y reglamentarias para responder a los estándares cada vez más altos de los consumidores que buscan información clara – con verdadera calidad, pero sobre todo con significado.

 

Sarah Zannetti, Strategic Planner.