Ante una situación sin precedentes, se creó un espacio para compartir. Durante cada semana del confinamiento, uno de nuestros empleados expresó sus pensamientos y sentimientos. El primer entrevistado, Jérôme Lanoy, CEO de Logic Design, vuelve a la oficina y hace un balance para cerrar la serie.

 

¿Qué hemos aprendido de los últimos tres meses?

Hemos demostrado colectivamente nuestra capacidad de adaptación. La agilidad se ha convertido en un modus vivendi para replantear nuestras maneras de trabajar y nuestros valores, incluidos los económicos.

Cambiar a trabajo remoto fue crucial. Ha demostrado ciertas virtudes en términos de velocidad, pensamiento y eficiencia. Fomenta la autonomía y el liderazgo. Cada tema se trata de manera puntual y los plazos de producción son más cortos. Atrás quedaron las interrupciones del estilo “¿tienes dos minutos?” que te hacen perder la concentración. Atrás quedó el estrés y la pérdida de tiempo con el transporte público. Trabajar de forma remota te libera del tiempo perdido (esperar una sala de reuniones, el metro), lo que nos permite tomar un respiro y leer publicaciones sobre economía, cultura y sociales que inspiran nuestros pensamientos y negocios.

Además, en los últimos tres meses se ha acelerado la digitalización de las empresas.

Nos dio tiempo de pensar en los fundamentos: cómo configurar nuevas herramientas, trabajar mejor, comunicarnos con nuestros clientes, socios y empleados. Imaginar que tendremos un futuro ideal en el que todos trabajamos remotamente es un salto demasiado lejos, uno que no queremos dar.

 

¿Cuáles son los límites de esta nueva normalidad?

En Logic Design, la adaptación al confinamiento fue rápida, casi de la noche a la mañana. La gestión ha consumido mucho tiempo (quizás más de lo normal) a lo largo de este difícil período, para mantenernos en contacto, llamar uno por uno a nuestros clientes, así como a nuestros empleados varias veces al día. Sin embargo, un mes después, la gente se acostumbró y ese “acostumbrarse” plantea algunas preguntas.

El riesgo es que se genere una cierta desconfianza que dañe la economía global (incluso si aún no se confirma en las cifras). La crisis puede convertirse en una excusa para justificar el aplazamiento de proyectos, los pagos atrasados, la inasistencia a reuniones… dejamos de reunirnos porque hemos perdido el hábito de desplazarnos, disfrutando de esta nueva comodidad. Sin embargo, el trabajo remoto es un complemento útil, pero no una solución, especialmente cuando se trata de temas difíciles como la relación con el cliente o el trabajo creativo. Son dos formas de trabajar diferentes. Por ejemplo, cuando haces videoconferencias no puedes ver a las personas y revisar documentos al mismo tiempo – no es fácil entusiasmar a las personas a través de Zoom o Teams. Para tener conversaciones enriquecedoras, inspirar al otro o convencer, ¡debes estar con otra persona!

Captar señales y sentimientos es también parte de nuestro trabajo. Nadie trabaja en diapositivas de PowerPoints para luego reproducirlas a través de un enlace. Cuando sabes que el 90% de la comunicación es no verbal, imagina lo que se pierde cuando algunas personas silencian el sonido y la cámara. Nos encontramos predicando en la oscuridad sin ningún feedback, viviendo la pesadilla de sentirnos perdidos y solos en la nube.

 

¿Y el aspecto humano de la empresa?

Lo mismo puede decirse en lo referente a las interacciones humanas en la empresa. Intercambiar puntos de vista, acordar, alimentarse los unos a los otros… todo esto es más difícil sin el cara a cara. Ciertas “normas sociales”, como conversar en la máquina de café, asomar la cabeza por la puerta, aumentar el respecto y consolidar las relaciones humanas, todo esto va más allá del desarrollo de los proyectos.

 

¿Qué hay del mañana?

Debo admitir que yo espero que ya podamos dejar atrás este período de una vez por todas.

Actualmente, la compañía utiliza solo el 25% de su fuerza laboral y muchos de nuestros clientes hablan de un reinicio para septiembre y octubre.

Ahora es el momento de poner en marcha los negocios y la economía. Sin embargo, esto se dificulta con el trabajo remoto, especialmente a nivel de comunicaciones en el que los intercambios cara a cara son fundamentales.

La crisis por la que estamos pasando tendrá un impacto en muchos niveles, ya sean leyes laborales, manera de trabajar o diseño de oficinas. Podemos ver claramente los límites del espacio abierto y, ¿acaso trabajar en casa no es como tener oficina propia? Los problemas concernientes a los terribles espacios abiertos con aire acondicionado durante una crisis de salud serán cada vez más urgentes. La arquitectura del lugar de trabajo, como regla general, se volverá más experiencial en cuanto a los lugares destinados al compartir, la creatividad, las interacciones humanas… con espacios colaborativos y flexibles. Quizás nuestro propio Open Lab, diseñado bajo este modelo, se convierta en el corazón de Logic Design.

Ya tenemos las herramientas y seguirán evolucionando. En la agencia, hemos integrado un nuevo taller y software para compartir. Esto amplía la oferta de nuestros clientes de manera complementaria y duradera. Sin duda, seremos testigos del regreso de las pantallas grandes porque nuestra experiencia nos dice que el tamaño de la pantalla y la calidad de la imagen afectan las percepciones. Acabo de tener una reunión con dos personas a modo presencial y una tercera a través a través de vídeo con una pantalla completa a escala 1:1… lo cambia todo.

La agencia del mañana va a combinar el trabajo remoto con el contacto cara a cara. No me sorprendería si la nueva norma consiste en trabajar dos días a la semana desde cada, lo que generará muchas preguntas. ¿Cómo organizar los tres días restantes y reunir a las personas adecuadas para un proyecto al mismo tiempo? ¿Cuál es el impacto en la vida de la oficina y en las ramificaciones financieras? Tengo muchas ganas de adelantarme este período y sus próximos desafíos.

Palabras claves: confinamiento, cuarentena, branding, comunicación.